La Enfermedad de Parkinson y su relación con el estrés oxidativo

La Enfermedad de Parkinson es una Enfermedad crónica, neurodegenerativa y progresiva. Aunque la etiología no esté completamente definida, los hábitos de vida, la exposición a agentes tóxicos y las consecuencias del envejecimiento natural, son los factores de riesgo más importantes que favorecen el desarrollo de la Enfermedad de Parkinson. No existe ninguna prueba de laboratorio determinante que sirva para diagnosticar el mal de Parkinson, por lo tanto el diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y en la exploración física.

La Enfermedad de Parkinson afecta a una de cada 1,000 personas en el mundo y es un padecimiento neurodegenerativo, que fue descrito por primera vez por James Parkinson en 1917 con el nombre de parálisis agitante o «parálisis temblorosa». Las características más importantes son: la pérdida de las neuronas dopaminérgicas pigmentadas de la parte compacta de la sustancia nigra (esas neuronas se llaman dopaminérgicas por ser productoras de Dopamina, un agente neurotransmisor) y la aparición en esas neuronas de inclusiones intracelulares llamadas cuerpos de Lewy.

Esta enfermedad surge comúnmente, en más del 90% de los casos, en su forma idiopática. Esto quiere decir que no está vinculada a factores genéticos, sin embargo, también existen casos de origen genético, pero estos representan entre el 5% y el 10% de los pacientes. Los síntomas principales son: temblor de reposo, rigidez muscular, bradicinesia (movimientos lentos) y pérdida del reflejo postural. Sin embargo, no todos los pacientes cursan con alteraciones de movimiento, también se ha reportado pérdida de células nerviosas e inclusiones de cuerpos de Lewy en sitios distantes a la sustancia nigra que incluyen: corteza, tálamo, hipotálamo, bulbo olfatorio y tallo cerebral. Los cuerpos de Lewy son unas estructuras proteicas redondas y lisas, suelen observarse en los núcleos de las neuronas cerebrales de pacientes que padecen diversos trastornos. Estas observaciones han orientado parte de las investigaciones hacia el metabolismo y la función de la Dopamina en el cerebro, para conocer el efecto que tiene el déficit de este neurotransmisor en un paciente con Enfermedad de Parkinson

La hipótesis de que los Radicales Libres y el estrés oxidativo contribuyen de manera sustancial en la patogénesis de la Enfermedad del Parkinson deriva fundamentalmente de los datos bioquímicos e histopatológicos puestos en evidencia en tejido de pacientes Parkinsonianos y se apoya en hallazgos de estudios in vitro y de la experimentación animal, como el modelo de Parkinsonismo inducido por una sustancia conocida como 1-metil-4-fenil-1,2,3,6-tetrahidropiridina (MPTP).

Metabolismo de la Dopamina y estrés oxidativo.

La Dopamina, y las aminas en general, son la fuente más importante de Radicales Libres del organismo. Por cada mol de amina oxidado, se forma un mol de peróxido de hidrógeno. En la Enfermedad de Parkinson, en la que existe un aumento de la tasa de recambio de Dopamina, la producción de Radicales Libres estaría muy aumentada. La autoxidación de la Dopamina conduce a la producción de unas sustancias llamadas semiquinonas que son por sí mismas tóxicas y pueden además generar más Radicales Libres. Pero es aún más decisivo el metabolismo enzimático de la Dopamina, que conduce no sólo a la producción de metabolitos deaminados como el ácido homovanílico o el 3,4-dihidroxifenilacético (DOPAC), sino también a la formación de potentes oxidantes celulares como el peróxido de hidrógeno (H2O2 ) y el OH-. En los estadíos iniciales de la Enfermedad de Parkinson, debido al aumento del recambio de Dopamina, podría producirse un exceso de H2O2. En condiciones normales, el H2O2 es inactivado por antioxidantes naturales de nuestro organismo como el glutatión (GSH) en una reacción catalizada por el enzima glutatión peroxidasa. Pero si este sistema del GSH no funciona bien, el H2O2 puede transformarse en el radical OH- , desencadenándose así la peroxidación lipídica de la membrana y la muerte celular. Por lo tanto, es importante considerar que el metabolismo de la Dopamina en presencia de un estado crónico de estrés oxidativo, es una notable fuente de compuestos oxidados, los cuales favorecen y mantienen el estado de estrés oxidativo que induce un proceso neurodegenerativo crónico, como el que se presenta en la Enfermedad de Parkinson.

Existen evidencias tanto en estudios post mortem y por estudios experimentales, que demuestran que la presencia de un estado de estrés oxidativo está involucrado en la neurodegeneración progresiva de la sustantia nigra, que se presenta en la Enfermedad de Parkinson. Esta evidencia apoya la idea de que hay altos niveles de especies reactivas en parte compacta de la sustancia nigra en condiciones homeostásticas y que éstas especies reactivas de oxígeno se incrementan notablemente en la Enfermedad de Parkinson, el incremento excesivo de especies reactivas produce una respuesta inflamatoria crónica y citotoxicidad por los metabolitos generados. Frente a esta realidad tiene mucho sentido esperar que el consumo de suplementos antioxidantes contribuyan, no a la regeneración de la neuronas dañadas, pero si a la protección de la neuronas que aún no han sido afectadas por el estrés oxidativo en el caso de los pacientes con Enfermedad de Parkinson, y mejor aún, a la prevención y protección para individuos sanos en contra de la enfermedad.

Es importante considerar que como característica indispensable que deberá tener el suplemento antioxidante para poder ejercer esta protección, será su propiedad de poder atravesar la barrera hematoencefálica, es decir: que el agente antioxidante pueda alcanzar el tejido nervioso y penetrar dentro de las neuronas. El Ácido Punícico en su forma nanoemulsificada posee esta característica.